LOS MALES
SILENCIOSOS DEL SIGLO XXI (Crónica)
Con protestas en diversos países
de Latino América y lamentos por los incendios de Notre Dame y el Amazonas,
finalizaba el año 2019, un fin de año único, debido a que ocurriría un evento
que cambiaría el rumbo de la vida de todas las personas en el mundo.
El 17 de noviembre del año 2019,
exactamente, en un mercado donde se comercializaba animales exóticos en la
ciudad de Wuhan, en China, ocurrió un suceso que generó alarma en la comunidad
médica de dicho país. Una alarma que fue desestimada por las autoridades
locales en primera instancia, debido a que un virus desconocido por la ciencia
había infectado a algunos trabajadores de aquel concurrente medio de
abastecimiento diario.
Por supuesto, con los miles de
patologías descubiertas y catalogadas por la Organización Mundial de la Salud,
un virus más, era lo de menos para el mundo, pues, en la era de la información,
no solo contamos con nuevos medios de comunicación, sino también con avances
eficaces en la medicina capaces de respaldar la salud mundial.
Llegó el mes de diciembre y lo
que inició como una extraña gripe aislada y controlable de un grupo de
comerciantes, se transformó en una epidemia letal que infectó a la ciudad de
Wuhan. Sin datos exactos acerca del origen del virus, el mundo comenzó a oír
rumores, algunos más distorsionados que otros, sobre todo aquellos que
señalaban una conspiración del Gobierno chino. Sin saber el tremendo impacto
que iba a tener en la vida de cada ser humano.
SARS COV 2 o Covid 19 fue el
nombre que se le atribuyó a este silencioso mal. Que se presentaba como una
gripe común con síntomas en algunos individuos y en otros no. El origen, se
sospechaba que era animal, exactamente, proveniente del pangolín. Debido a que
este presentó el virus en las muestras de sangre estudiadas. Por otra parte, su
expansión ya empezaba a manifestarse por el mundo. Preocupando a las
autoridades, sobre todo, de los países aledaños a China.
Tailandia, Japón, Corea del Sur,
Estados Unidos, Francia, Italia, España, Latino América y el resto del mundo,
poco a poco, empezaban a tomar conciencia debido a la rapidez con que se
expandía el virus y así como su letalidad.
Algunas regiones del mundo,
iniciaban el primer mes del año 2020 con la noticia de una posible emergencia
sanitaria, la cual no fue oficializada por la Organización Mundial de la Salud
hasta el 11 de marzo. Por su parte, China había establecido una cuarentena
drástica, aquella que, posteriormente, iba a ser el modelo más replicado por la
mayoría de países.
En abril, Italia se convertía en
el epicentro de la pandemia con mayor cantidad de contagios y fallecidos,
incluso superando a China. Esto puso en alerta a las autoridades de los demás
países, que prestaron mayor atención a la tasa de mortalidad de este nuevo
virus, el cual parecía implacable.
En Latinoamérica, el primer caso
se reportó en Brasil, posteriormente, la primera muerte por coronavirus sucedió
en Argentina en el mes de marzo. Y a partir de ello, un tétrico panorama salía
a la luz, debido a las deficiencias sanitarias en varios países de la región.
Hospitales colapsados y cadáveres apilados eran portadas e imágenes diarias en
los noticieros del mundo.
Sin embargo, no todo el panorama
era oscuro. Aunque el virus denotó una alta tasa de mortalidad en pacientes de
avanzada edad o con problemas de salud previos, también hubo personas que
lograron su recuperación. Todos los datos eran objeto de estudio para
desarrollar un plan de prevención efectivo contra el covid-19. Mientras tanto,
la comunidad científica trabajaba en tiempo récord para la creación de una
vacuna contra el virus, la cual se anunciaba que estaría al alcance de la
población, por lo menos, en uno o dos años.
A inicios de mayo, ya había
propuestas para la producción de más de una vacuna que ayudaría a generar
anticuerpos contra el Covid 19. Al día de hoy, agosto de 2020, grandes empresas
farmacéuticas de todo el mundo compiten por encontrar la cura definitiva a este
virus. Los ensayos se vienen dando en diferentes países con resultados prometedores
que anuncian de forma alentadora el principio del final de la nueva normalidad.



